Cestería en mimbre: del vareto cortado en invierno a la cesta acabada
Apuntes de taller sobre el trabajo con vareta de sauce y otras fibras vegetales: cómo se corta y se clasifica el material, cómo se remoja, cómo se levanta un fondo y cómo se cierra un borde para que la pieza aguante el uso.
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El mimbre: corte, clasificación y calibres
La cestería empieza mucho antes del primer tejido, en la mimbrera. La vareta se corta en reposo vegetativo, entre finales de otoño y el final del invierno, cuando la savia está parada y la madera ha endurecido lo suficiente para no arrugarse al secar. Un vareto cortado en plena brotación pierde grosor de forma desigual y, meses después, aparece flácido y quebradizo en el momento peor: cuando ya está tejido dentro de la pieza.
En España el cultivo del mimbre se ha concentrado históricamente en las vegas de ríos de la serranía y la Alcarria conquenses, donde el sauce rebrota cada año desde una cepa baja y da varas largas y rectas. También se recoge sauce silvestre en riberas y sotos, aunque ese material suele ser más irregular: ramifica antes, tiene más nudos y obliga a descartar buena parte del haz.
Nada más cortar conviene clasificar. La clasificación por longitud es la operación más rentable de todo el proceso, porque determina qué se puede hacer con cada montón. Se ponen los varetos de pie sobre una superficie plana, se igualan por la base golpeando suavemente y se van sacando los más altos, que asoman por encima del resto. Después se separa por calibre: una vara de la misma longitud puede ser fina y flexible o gruesa y rígida, y esas dos no se comportan igual en el mismo tejido.
Qué se mira al clasificar
- Longitud, en tramos de unos veinte centímetros; conviene atar cada tramo por separado.
- Relación entre base y punta: cuanto más pareja, más regular sale el tejido.
- Rectitud y ausencia de ramificaciones bajas.
- Nudos, marcas de insecto y zonas oscurecidas por hongos.
- Flexibilidad al doblar la punta en un lazo cerrado sin que cruja.
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Mimbre en verde, descortezado y remojo
Hay dos formas básicas de llegar al tejido. El mimbre en verde, sin descortezar, se trabaja con su corteza puesta: conserva un color pardo o rojizo según la variedad, aguanta bien la intemperie y da piezas de aspecto rústico, algo más gruesas. El mimbre descortezado, blanco, se obtiene retirando la corteza y deja una superficie clara, lisa y uniforme, más agradecida para tejidos finos y para piezas de interior.
El descortezado tradicional aprovecha que en primavera el sauce vuelve a mover savia: los varetos cortados se mantienen con la base en agua hasta que empiezan a brotar y entonces la corteza se desprende con facilidad pasándolos por una horquilla metálica. También se descorteza tras cocer el material, lo que oscurece la vara y da tonos ambarinos o canela.
Sea cual sea el acabado, la vara seca no se teje. Necesita remojo, y después un tiempo de reposo envuelta en un paño húmedo o en un plástico, lo que en el taller se llama simplemente «dejar que se ponga». En el remojo el agua penetra; en el reposo se reparte por igual hasta el centro de la vara. Sin ese segundo tiempo, la superficie está blanda pero el núcleo sigue rígido y la vara se parte al doblar.
Orientaciones de remojo
Los tiempos dependen del grosor, de la temperatura del agua y de si el mimbre está descortezado o no. Estas cifras sirven como punto de partida y se ajustan probando una vara del haz:
- Vareta fina descortezada, de 60 a 90 cm: de dos a cuatro horas de remojo y una hora de reposo.
- Vareta media, de 1 a 1,5 m: de cuatro a ocho horas, con reposo de dos o tres horas.
- Vara gruesa para montantes y bordes: de uno a dos días, con reposo de una noche.
- Mimbre sin descortezar: en general el doble de tiempo que el blanco del mismo calibre.
Pasarse de remojo también tiene coste: la vara se ablanda en exceso, pierde brillo, se mancha y puede empezar a oler. Si el trabajo se interrumpe, es preferible sacar el material del agua, envolverlo y guardarlo en un sitio fresco antes que dejarlo sumergido varios días.
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El fondo y su cruzada
Casi todo lo que sale mal en una cesta se decide en el fondo. La cruzada es el armazón de partida: se abren con la lezna unas varas gruesas por la mitad, se ensartan otras a través de la hendidura y queda una cruz de brazos iguales que después se abrirá en radios.
Los primeros pases se dan con dos varetas finas trabajando en cordón alrededor de la cruz, sujetando los brazos hasta que dejan de moverse. Después se separan los radios uno a uno, repartiéndolos como los rayos de una rueda. Si el reparto es desigual, el fondo saldrá ovalado sin que nadie lo haya buscado.
Un fondo plano tiende a hundirse con el peso. Por eso se teje con una ligera concavidad, apretando algo más el tejido en la mitad final: al apoyar la cesta, el fondo queda ligeramente levantado en el centro y la pieza no baila.
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Montantes, levantada y crecido
Terminado el fondo se insertan los montantes: varas más gruesas que se meten con la lezna a lo largo de los radios y que formarán el esqueleto vertical de la pieza. Se cortan en punta larga y sesgada para que entren sin romper el tejido y se calzan hasta el fondo, con los radios originales recortados a ras.
La levantada es el momento en que esos montantes dejan de estar tumbados y se ponen de pie. Se marcan con la punta de la lezna en la base para que doblen siempre por el mismo punto y se cierran hacia arriba, sujetos con un aro o con una atadura provisional. Un montante doblado sin marcar se quiebra por dentro aunque por fuera parezca entero, y esa fisura acaba abriéndose con el uso.
El crecido es el trabajo de subir la pared manteniendo la forma. Aquí se decide si la cesta sale recta, abierta o recogida: no depende de la fuerza con que se aprieta el tejido, sino de hacia dónde se empujan los montantes en cada vuelta. Conviene comprobar la silueta a menudo mirando la pieza desde arriba y a un metro de distancia, no con la nariz pegada al tejido.
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Los tejidos: sencillo, por capas y cordón
Con tres tejidos básicos se resuelve la mayor parte de las piezas. Cambian el ritmo, la firmeza y el dibujo de la pared, y casi siempre se combinan dentro de la misma cesta.
- Tejido sencillo
- Una sola vareta pasa por delante y por detrás de cada montante, vuelta tras vuelta. Exige un número impar de montantes para que el dibujo se desplace solo. Es el tejido más rápido y el que mejor deja ver los empalmes, de modo que obliga a cuidarlos.
- Tejido por capas
- Se coloca una vareta detrás de cada montante y todas avanzan a la vez, una por delante y dos por detrás. La pared sube pareja y sin escalón, con líneas diagonales muy marcadas. Es el recurso habitual cuando interesa que la pieza no muestre el punto de arranque.
- Cordón o soga
- Dos o tres varetas se van cruzando entre sí a la vez que abrazan los montantes. Aprieta mucho, fija la posición de las varas y por eso se usa al empezar la pared, al terminarla y en las transiciones entre tejidos distintos.
Reglas que evitan la mayoría de los defectos
- Empalmar siempre base con base y punta con punta, nunca base contra punta.
- Dejar los extremos por dentro y recortarlos en bisel una vez seca la pieza.
- Alternar el punto de empalme para no formar una costura vertical visible.
- Apretar el tejido con la mano abierta, no golpeando solo en un lado.
- Volver a mojar las varetas antes de que empiecen a crujir al doblar.
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Cierre del borde y montaje del asa
La rematada o cierre del borde es lo que convierte una pared tejida en una cesta. Consiste en doblar cada montante sobre los siguientes y meter su punta dentro del tejido siguiendo un orden fijo. El remate más común pasa por detrás de dos montantes y delante de uno, pero hay muchas variantes: cuantos más montantes abraza cada vara, más ancho y más macizo queda el canto.
Antes de doblar conviene remojar de nuevo solo la parte alta de la pieza y marcar todos los montantes a la misma altura. Un borde bien hecho se reconoce porque el ritmo es constante, las varas no se cruzan de forma desigual y el canto tiene el mismo grosor en toda la vuelta.
El asa se monta sobre una vara gruesa, casi siempre partida en dos y clavada a ambos lados de la pieza en línea con un montante, atravesando varias vueltas de tejido para repartir el esfuerzo. Sobre ese arco se enrollan varetas finas que lo forran, se aseguran pasándolas por el borde y se rematan por dentro. Un asa clavada superficialmente es la avería más frecuente en cestas de carga.
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Cinta, anea, esparto y otras fibras
El mimbre no es el único material del taller, y en la península ibérica conviven varias tradiciones de cestería que usan lo que hay cerca del río, del monte o del secano.
- Cinta o mimbre partido: vara abierta en tiras y rebajada de grosor; permite tejidos planos, muy regulares y ligeros.
- Anea o enea: hoja de espadaña secada a la sombra y retorcida; se emplea sobre todo en asientos y en tejidos blandos.
- Esparto: fibra dura de secano, trabajada en verde o cocida y majada; da pleita, cordelería y capachos.
- Castaño y avellano: madera hendida en costillas para cestos de carga y capazos de trabajo.
- Caña y varilla de olivo: materiales de aprovechamiento local para estructuras y aros.
- Raíz y corteza: fibras de uso puntual, normalmente para ataduras y refuerzos.
Cada fibra pide su propia preparación. La anea se seca a la sombra y se rehidrata con una pasada rápida de agua antes de trenzar; el esparto se pica o se maja para ablandar la fibra; la madera hendida se trabaja recién abierta, porque después ya no se deja doblar. Mezclar materiales en una misma pieza es posible, pero conviene tener en cuenta que no encogen igual al secar.
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Secado, cuidado y reparación
Una cesta recién terminada está húmeda y sigue trabajando durante días. Debe secar despacio, a la sombra, en un sitio ventilado y sin corriente directa ni sol de mediodía, girándola de vez en cuando para que no se deforme apoyada siempre del mismo lado. El secado forzado junto a un radiador abre grietas y afloja el tejido.
Ya en uso, el mimbre agradece humedad ambiental. En interiores muy secos las varas pierden elasticidad y empiezan a astillarse por el borde; una pulverización ligera de agua de vez en cuando, o simplemente no guardarla junto a una fuente de calor, alarga bastante la vida de la pieza.
Cuidado habitual
- Quitar el polvo con una brocha seca, siguiendo la dirección del tejido.
- Para manchas, un paño apenas humedecido y secado inmediato; nada de remojo.
- Evitar el exterior permanente sin protección: la lluvia y el sol continuos oscurecen y agrietan.
- No dejar cargas puntuales apoyadas mucho tiempo sobre el borde.
- Recortar en cuanto aparezca una punta suelta, antes de que se enganche y tire del tejido.
Las reparaciones sencillas están al alcance de cualquiera. Una vareta rota se sustituye mojando la zona, retirando el trozo dañado y encajando una nueva que siga exactamente el mismo recorrido, con los extremos escondidos por dentro. Los bordes y las asas, en cambio, suelen exigir rehacer el remate completo de ese tramo.
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Herramientas y puesto de trabajo
La cestería necesita pocas herramientas y casi todas caben en una caja pequeña. Lo que sí exige es un puesto de trabajo pensado, porque son muchas horas con la pieza en el regazo.
- Lezna recta y lezna curva para abrir paso entre el tejido.
- Tijeras de podar de corte limpio y cuchilla bien afilada.
- Batidor o hierro plano para apretar las vueltas.
- Abridor o partidor para hendir la vara en tres o cuatro tiras.
- Rebajador y afinador de cinta, si se trabaja mimbre partido.
- Cinta métrica, aros y pinzas de sujeción provisional.
- Pila, artesa o tubo largo para el remojo del material.
- Paños y plástico para el reposo de las varas puestas.
El puesto tradicional es bajo: un tablero apoyado en las rodillas o un banco a poca altura, con la pieza cerca del cuerpo. Trabajar sobre una mesa alta obliga a levantar los brazos y cansa los hombros mucho antes. Conviene tener el material a mano en haces ya clasificados, un cubo para los recortes y luz lateral, que revela mejor los desniveles del tejido que una luz cenital.
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Qué se publica en Flazedo
Flazedo es un proyecto informativo dedicado al taller de cestería. Lo que se publica son apuntes de trabajo redactados y ordenados por temas, sin vender materiales, cursos ni piezas. El objetivo es que alguien que se acerca por primera vez al mimbre entienda el proceso completo y sepa por qué se hace cada cosa en el orden en que se hace.
- Preparación del material: corte, clasificación, descortezado, remojo y reposo.
- Construcción de la pieza: fondo, cruzada, montantes, levantada y crecido.
- Técnicas de tejido y sus combinaciones dentro de una misma cesta.
- Remates: cierres de borde, asas y refuerzos.
- Otras fibras vegetales de uso habitual en la cestería peninsular.
- Secado, conservación y reparación de piezas en uso.
- Herramientas y organización del puesto de trabajo.
Los textos se revisan y se amplían con el tiempo. Puede consultarse el planteamiento del proyecto en El proyecto.
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